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Manuel Pimentel
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7/4/2009

Francisco Bejarano Gil (mi padre). El abuelo.

 F R A N C I S C O

B E J A R A N O

G I L

                                  Francisco Bejarano Gil (mi padre)ABUELOPACO
En vista de cierto interés de algún niet@ por su abuelo, aquí pongo su fotografía por si alguno está interesado en descolgar la imagen,
y haga el uso que crea oportuno.

Desde un semáforo

He sido testigo de un hecho que no me resisto a comentar.
Esta misma mañana, en escasos dos minutos que dura la luz roja del semáforo de la esquina, al lado de casa.
Actores:
El chaval de todos los días, costamarfileño, veintitantos años, fornido y con la sonrisa permanente de intentar venderte el paquetito de klinex.
A mi lado, a bordo de un beemeuve, otro chaval, al que conozco de vista y del que sólo me consta su permanencia durante largas horas al día sentado y bebiendo litronas.
No sé cuál fue la conversación entre ellos, el caso es que el negro sonreía al blanco, mostrándole el paquete de pañuelos, mientras el del "buga" reía a carcajadas mientras apretaba afondo el pedal del acelerador.
Al cambiar a verde, el tipo del cochazo, sin oficio pero con beneficio conocidos, me apuesto un euro a que no acabó Eso, le ragaló al negro -Ahmed creo que me dijo un dia que era su nombre, licenciado en Historia y Humanidades, cum laude, por la Universidad de Abiyan- una bofetada de monóxido de carbono que salío a presión del tubo de escape mientras salía disparado como si de una salida de Fernando Alonso se tratara. Trabaja Ahmed en la fresa y en el semáforo. Vive en una pensión de mala muerte y no sabé qué será de él. Solo tiene su sonrisa.
Yo me pregunto qué coño hemos hecho mal en esta sociedad para que ninguno de estos dos esté en los lugares que en justicia le debería corresponder.


Carta abierta al presidente de Ercros. De Jose A. Bejarano

viernes 29 de mayo de 2009

Carta abierta al presidente de Ercros


Señor: con el debido respeto me dirijo a Vd. con motivo del Plan de Ajuste que hace unos días dio a conocer y por el que se propone el cierre definitivo y el despido de la totalidad de la plantilla de Ercros en Palos de la Frontera (125 personas).
Nunca podré estar seguro de que esta carta sea leída por Vd, y menos aún que me preste atención, pero en uso de mi libertad y de las herramientas de que dispongo en la Red, con sumo respeto le ruego tenga a bien leer:
Llegué a Huelva en 1972, desde otra parte de España, luego soy emigrante en tierra de emigrantes. Comencé a prestar mis servicios en la factoría de Aragonesas, cuando aún las máquinas estaban desmontando el terreno de marisma. Al poco tiempo comenzaron a ponerse en marcha las plantas que iban a fabricar productos en cada momento necesarios para el desarrollo económico de la Empresa, de la sociedad, y de cada uno de nosotros que iba madurando, en todos los sentidos, al compás de la Compañía.
Pero los tiempos fueron cambiando y como no podía ser de otra forma, la propiedad industrial cambió de manos. Mal que bien fuimos llevando para adelante el negocio cuando ya comenzaban a intuirse malos tiempos.
Hasta que llegó Ercros.
Si quiere que le diga la verdad, y dejándome guiar por opiniones expertas en aquel tiempo, no fue una buena noticia.
Hasta que, ya ve, nos ha salido, nada más y nada menos, que con la pretensión de cerrar la factoría y mandarnos a todos al paro.
Acabo de llegar de la puerta de la factoría, de coger una pancarta de NO AL CIERRE, donde me he reunido con mis compañeros y llego con una sensación extraña. No acabo de entender que Vd, sólo comprenda y tome decisiones a la vista de una serie de fríos datos. Acciones, balances, cuentas, saldos, gastos, intereses, en suma una serie de conceptos que puestos encima de la mesa le han llevado a tomar una decisión, no sé porqué sospecho, tomada sin que se le moviera un solo músculo de la cara. Pensaba tal vez en los accionistas, en los bancos y banqueros, a los que debe rendir cuentas, aun sabiendo que tras las cifras hay un reguero de frustración e incertidumbre para un centenar de padres y madres de familia.
Yo voy a cumplir los sesenta, y me hubiera gustado jubilarme de tal forma que hubiera dejado paso a un joven, pero a mi lado hay trabajadores que lo pueden pasar mal, muy mal. Y Vd. debe de saberlo.
Motivos económicos, de rentabilidad, incluso motivos geográficos y autonómicos (pero si Vd. formó parte importante del gobierno de España…), deben haber sido los que le han impulsado a tomar esta drástica y dolorosa decisión.
No quiero cansarle, ni estoy preparado para discutirle sus motivos, sólo le pido que haga lo que esté en su mano para que, al menos, parte de la fábrica de Palos se mantenga operativa y a los más jóvenes dejarlos que continúen produciendo. Es justo que Vd, reciba ayudas si con eso palia los efectos de su plan y espero que las consiga. Mientras tanto, yo continuaré junto a mis compañeros movilizándome a ver si conseguimos entre todos ablandar su corazón.
Hágalo, muestre un atisbo de humanidad en sus teorías empresariales-capitalistas y deje mostrar un poquito del rostro humano que dichas teorías aún deben contener. Deje un lugar a la esperanza.
Con todo el respeto debido
Jose A. Bejarano Mártil, trabajador de Ercros
Palos de la Frontera
Publicado por Jose Antonio Bejarano en 6:33

4 comentarios:

Jose Antonio Bejarano dijo...

Cuanto más la leo, más me gusta esta carta que escribí en un momento de enfado. Hoy me reafirmo, y más, aún, después de haber visto a todos los compañeros junto a sus familiares en pleno centro de la ciudad, Huelva, a la que tanto debo, y donde han mostrado el rostro humano la laboriosidad y la dignidad. No todo se reduce, D. Antonio, a las cuentas de resultados.
Gracias, compañeros, familiares, representantes sindicales, porque ahora sé que existe la esperanza.
JoseA. Bejarano

2 de junio de 2009 13:47
Jose Antonio Bejarano dijo...

En la segunda concentración y marcha por la ciudad de Huelva me puedo reafirmar en la grandiosidad y en la dignidad que se encierra en tod@s l@s que acudieron bajo el tremendo calor a decir NO AL CIERRE.
Desde la humildad de la sencilla carta (en la que me reafirmo) dirigida al Excmo. Sr. y dada mi invencible timidez -no sé hablar en público, sólo me he puesto alguna que otra vez tras la pancarta, no tengo silbato, me da corte gritar consignas- al menos permítaseme poner a disposición lo único que creo dominar con cierta soltura, y dar públicamente las gracias a todos los que en la forma más conveniente y posible han puesto su esfuerzo para evitar lo que sería una tragedia, el cierre de la fábrica.
Gracias a todos nuestros representantes del comité. Gracias a la plataforma de familiares. Gracias a los que colaboran en la efectividad de las movilizaciones. Gracias a los compañeros (y compañeras!!!) de la fábrica. Gracias a los de otras partes de España. A los medios de comunicación. A los cuerpos de Seguridad del Estado. Y por fin a los sufridos usuarios automovilistas y viandantes que estoica, paciente, y sé que solidariamente,comprenden nuestros gestos de protesta.
GRACIAS, A SEGUIR LUCHANDO Y...
N O A L C I E R R E

Jose A. Bejarano

12 de junio de 2009 7:07
Jose Antonio Bejarano dijo...

Al fin se aprecia un resquicio en la puerta hasta ahora cerrada a cal y canto.
Por fin se podrá comenzar a hablar del futuro.
El esfuerzo está mereciendo la pena.
Continuemos manifestando nuestra negativa al cierre y dejo aquí mi gesto de solidaridad, y mi alegría por el aliento de esperanza.
N
O

A
L

C
I
E
R
R
E

24 de junio de 2009 3:05
Jose Antonio Bejarano dijo...

La política es la sal de la vida. La política es inherente al ser humano. La política es el motor de la sociedad.
Hemos, sí, de reconducirla y ponerla al servicio del bien común.
Política, sí; partidos a la caza del voto, no.

30 de junio de 2009 12:47
6/28/2009

Poema inédito de Juan Ramón Jiménez: DIOS DESEADO Y DESEANTE


 

 

      Partimos de Dios

            en busca de Dios,

            sin saber qué buscamos.

 

                        El dios con minúscula,

         el dios bajo cielo,

            el cielo que es mar,

            sobre aire que es cielo,

            ¡entre aire y marcielo,

            y que es pleamar, y que es pleacielo!

 

                    El dios deseante,

            el dios deseado,

            -¡el dios deseado y deseante!-

            me trae este Dios,

            un dios Dios tan DIOS,

        ¡un dios: DIOS DIOS DIOS!

            … que al cabo de todos los cabos,

            que al borde de todos los bordes

            un día encontramos.

 

                        Cada vez más suelto, y más desasido;

        cada vez más libre, más ¡y más! ¡y más!

            a una libertad de puertas de Dios.

            Y entonces la puerta se abre… y  ¡más libertad!

 

                        Estoy pasando la cuerda,

            cuerda que Tú me has tendido,

       Dios mío, mi dios, ¡Dios mío!

            ¡Dios mío, no soples, Dios!

 

                        Siento la inminencia del dios Dios,

            del Dios con mayúscula,

            -el que nos enseñaron cuando niños

        y no aprendimos-.

                        ¡Dios se me cierne en apretura de aire!

 

                        ¡Se me está viniendo Dios

            en inminencia de alma!

                        ¡Se me está acercando Dios

        en inminencia de amor!

                        ¡Se me está llegando Dios

            en inminencia de Dios!

 

Poema descubierto por Rocío Bejarano y Joaquín Llansó en Puerto Rico (2009)


6/27/2009

Dios deseado y deseante

ROCÍO: POCO A POCO SE VAN ENTERANDO DE LA IMPORTANCIA DE TU EDICIÓN DE LA OBRA JUANRAMONIANA.
A LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES EN MADRID ACUDIERON PERIODISTAS DE LOS MEDIOS NACIONALES A ESCUCHAR Y ATENDER LA NOTICIA.
EN TU PROPIA TIERRA, EN CAMBIO, Y POR DESGRACIA, PASASTE DESAPERCIBIDA...
(CONTINUARÁ)
6/15/2009

Cervecería "Malilla". Huelva

Este es el letrero que debería lucir (es el revés para que se me entienda) el nuevo local de restauración abierto en Huelva donde el dueño, cual kapocommandantur sacado de una novela de campos de concentración, trata a su personal: voces, malos modos, y trato cuanto menos déspota, aparte carencias de contratos, etc. Es lo que depara el muy felón al personal para tratar de mantener a cualquier precio el filón que ha encontrado.
Le deseo, fervientemente, que la clientela que acude a este local lowcost vaya desapareciendo al mismo ritmo que lo ha ido invadiendo.
Acémila, asno, aprende modos y trata al personal como lo que ellos son, personas y trabajadores.

Jose A. Bejarano (padre de una ex-trabajadora: antes muerta de hambre que en tus zarpas)
5/30/2009

Rocío y Joaquín en Puerto Rico de nuevo

Hoy han partido para San Juan de Puerto Rico los investigadores juanramonianos Rocío Bejarano Álvarez y Joaquín Llansó con objeto de investigar en la Sala de la Universidad de Puerto Rico sobre tres obras del poeta de Moguer. Es más que probable que realicen un gran trabajo y traigan para España el fruto de su tarea para la edición de las obras de Juan Ramón.
Suerte y buen viaje a los dos.
5/28/2009

Carta abierta al presidente de Ercros

Señor: con el debido respeto me dirijo a Vd. con motivo del Plan de Ajuste que hace unos días dio a conocer y por el que se propone el cierre definitivo y el despido de la totalidad de la plantilla de Ercros en Palos de la Frontera (125 personas).
Nunca podré estar seguro de que esta carta sea leída por Vd, y menos aún que me preste atención, pero en uso de mi libertad y de las herramientas de que dispongo en la Red, con sumo respeto le ruego tenga a bien leer:
Llegué a Huelva en 1972, desde otra parte de España, luego soy emigrante en tierra de emigrantes. Comencé a prestar mis servicios en la factoría de Aragonesas, cuando aún las máquinas estaban desmontando el terreno de marisma. Al poco tiempo comenzaron a ponerse en marcha las plantas que iban a fabricar productos en cada momento necesarios para el desarrollo económico de la Empresa, de la sociedad, y de cada uno de nosotros que iba madurando, en todos los sentidos, al compás de la Compañía.
Pero los tiempos fueron cambiando y como no podía ser de otra forma, la propiedad industrial cambió de manos. Mal que bien fuimos llevando para adelante el negocio cuando ya comenzaban a intuirse malos tiempos.
Hasta que llegó Ercros.
Si quiere que le diga la verdad, y dejándome guiar por opiniones expertas en aquel tiempo, no fue una buena noticia.
Hasta que, ya ve, nos ha salido, nada más y nada menos, que con la pretensión de cerrar la factoría y mandarnos a todos al paro.
Acabo de llegar de la puerta de la factoría, de coger una pancarta de NO AL CIERRE, donde me he reunido con mis compañeros y llego con una sensación extraña. No acabo de entender que Vd, sólo comprenda y tome decisiones a la vista de una serie de fríos datos. Acciones, balances, cuentas, saldos, gastos, intereses, en suma una serie de conceptos que puestos encima de la mesa le han llevado a tomar una decisión, no sé porqué sospecho, tomada sin que se le moviera un solo músculo de la cara. Pensaba tal vez en los accionistas, en los bancos y banqueros, a los que debe rendir cuentas, aun sabiendo que tras las cifras hay un reguero de frustración e incertidumbre para un centenar de padres y madres de familia.
Yo voy a cumplir los sesenta, y me hubiera gustado jubilarme de tal forma que hubiera dejado paso a un joven, pero a mi lado hay trabajadores que lo pueden pasar mal, muy mal. Y Vd. debe de saberlo.
Motivos económicos, de rentabilidad, incluso motivos geográficos y autonómicos (pero si Vd. formó parte importante del gobierno de España…), deben haber sido los que le han impulsado a tomar esta drástica y dolorosa decisión.
No quiero cansarle, ni estoy preparado para discutirle sus motivos, sólo le pido que haga lo que esté en su mano para que, al menos, parte de la fábrica de Palos se mantenga operativa y a los más jóvenes dejarlos que continúen produciendo. Es justo que Vd, reciba ayudas si con eso palia los efectos de su plan y espero que las consiga. Mientras tanto, yo continuaré junto a mis compañeros movilizándome a ver si conseguimos entre todos ablandar su corazón.
Hágalo, muestre un atisbo de humanidad en sus teorías empresariales-capitalistas y deje mostrar un poquito del rostro humano que dichas teorías aún deben contener. Deje un lugar a la esperanza.
Con todo el respeto debido
Jose A. Bejarano Mártil, trabajador de Ercros
Palos de la Frontera

5/12/2009

Mi blog importante

http://joseanbejarano.blogspot.com/
5/3/2009

Seis grados. Historia del Rabino Bejarano, de Turquía

Querida    Carme: he llegado de nuevo a casa y después de ordenar mis ideas y de haber conseguido cerrar un ciclo de mi vida, he de reconocer que tú tienes gran parte de bendita responsabilidad, y he de darte públicamente las gracias por el apoyo que me ofreciste desinteresadamente y la ayuda que me ofreciste por tus conocimientos de la lengua francesa.

                            Te escribo esta carta abierta como reconocimiento de lo acontecido y como conocimiento de todo aquel que quiera leerlo. Tú ya conoces la historia, que ha formado parte de mi vida, pero te la voy a recordar más que nada para que se sepa.

                            Como sabes todo comenzó hace muchos años cuando yo,   que era un preadolescente, en esa edad que cualquier gesto observado a los padres, se queda indeleble en la memoria. Bueno, el caso es que, desde que mi padre me había metido el gusanillo de la radio, ya no dejaba pasar un solo día sin dar un repaso por toda la banda e intentar encontrar emisoras a cual más lejanas y exóticas, tal y como él hacía  con el viejo Telefunken: La radio de Moscú, que aceleraba mi corazón al conseguir sintonizarla, Radio Praga y la enigmática Radio España Independiente, aparte de la Pirenaica, eran mis aficiones  secretas debido al hartazgo de Radio Nacional de España y de Matilde Perico y Periquín

Antes            de continuar he de explicarte que mi padre tenía dos obsesiones, aparte alguna que otra inconfesable como era su periodo de guerra (aunque ese es otra historia) y es que mi padre siempre me hablaba de su primo Amós, Amós López Bejarano, que según él había sido un poco bala y había corrido grandes aventuras. Vivió la guerra y como por arte de magia desapareció. Ahora entiendo que es mejor saber de una vez que un ser ha muerto, al menos se sabe, Pero mi padre llevaba fatal el saber que estaba desaparecido como si se lo hubiera tragado la tierra. Eso por un lado, Amós, y por otro la obsesión que tenía por las raíces judías de nuestra familia, en parte procedente de Madrid, y en parte procedente de Hervás. Me refiero a mis abuelos paternos. Y mi padre, de alguna manera había intentado relacionar a Amós con nuestros ascendientes judíos. Y según él, el eslabón que iba a enganchar los dos extremos de la cadena era Amós, uniendo el eslabón de nuestros ancestros procedentes de la judería de Hervás y nuestros ancestros (los mismos) pero en la actualidad. Y Amós, según mi padre lo había conseguido y de qué manera. Verás cómo:

                                         Cierta noche, allá por 1964 o 65, afinando, afinando la sintonía, mi corazón dio un vuelco y mi pulso se aceleró de tal forma que temí perder para siempre aquellos sonidos que me llegaban a través del gran receptor Cuando inopinadamente, aprovechando una ausencia de mi padre, conseguí sintonizar Radio Sofía, en la Onda larga y en lengua española, “emitiendo para todos los españoles de adentro y de afuera de la Península Ibérica”

                                        Aquella emisora nunca la había logrado escuchar, de hecho era la primera vez que tuve noticias de ella, y de que Sofía era la capital de Bulgaria. En aquel momento, comenzaba una conversación entre dos hombres, entrevistado y entrevistador, hablando los dos un castellano con peculiares giros y acentos que no supe entonces identificar. Y al comienzo una voz de presentación en perfecto español: “Entrevista del periodista ruso Amós López”.  Digo que mi padre, no sé cómo, llevaba un tiempo igualmente interesado al enterarse de que el rabino de Constantinopla se llamaba Salomón Bejarano, así, como suena y que porqué no podía estar allí el primo Amós dadas sus simpatías judías y a que este había conocido a brigadistas internacionales en el frente de Madrid, y que gran número de brigadistas eran judíos procedentes de los confines de Europa, allá por los Balcanes.

                                        Cuando se lo conté, el dialogo en un idioma para mi absolutamente desconocido no lo podía creer -Por fin -dijo mi padre con un brillo de triunfo y de emoción en sus ojos negrísimos- por fin…

                 En fin Carme, como ya te expliqué al ponerte en antecedentes antes de nuestro encuentro, aquello quedó en una anécdota y por mucho que mi padre pasase todo el dial del viejo receptor por la banda, pasaron los años y mi padre quedó con las ganas de volver a escuchar a cualquiera de aquellos dos hombres que habían hablado una noche invernal a través de las ondas hercianas. Él, en el fondo me envidiaba porque sabía que yo había tenido la fortuna de escuchar a aquellos dos hombres, algo que él no consiguió los dos Bejarano, y a pesar de mis esfuerzos no conseguí trasladar a mi padre apenas media docena de palabras en la lengua ladina que yo escuché. Una noche de febrero de 1972, el falleció llevándose con él todas sus frustraciones. De ellas una no poco importante era el localizar a Amós López Bejarano, el primo. Mas fue imposible realizar sus sueños, compartir  tantos momentos de charla y de parranda por los bares del viejo Madrid y por los vericuetos del Rabilero de Hervás, a la busca de sus raíces judías y  contándole también cosas de los caucheros del Amazonas con los que había convivido, de las mujeres que había amado en tantos puertos de cinco de los siete mares, Mi padre estaba asombrado de que la radio le hubiera puesto sobre la pista, en una sola tacada, de dos personas: su primo Amós al que vio por última vez en el redaje de una película[1] y de sus ideales más profundos, de que él no saldría nunca de Madrid, no para defenderla de los sitiadores, sino para ayudarlos a entrar.

                 Carme, aquello quedó dormido en mis recuerdos, y como es natural yo hube de dedicarme a otras cosas, hacer mi servicio militar y estudiar, a trancas y barrancas, y cono colofón, casarme.

                 Ya en los albores del tan traído y tan llevado 1492, en una emisión de TV, vi un reportaje sobre Estambul y la colonia judeoespañola allí existente. Y créeme que fue milagroso, Una chispa instantánea volvió a encender aquellos recuerdos dormidos y dediqué parte de mi vida, Internet mediante, a encauzar toda la información que estaba recabando.

                 Y así pude saber que efectivamente, entre la colonia sefardí de Estambul había existido un rabino, que se llamaba, no como mi padre pensaba Salomón, sino Hayim Bejarano[2] y que no era turco sino búlgaro. Luego de grandes esfuerzos y sólo porque la Red fue incrementando en información logré recopilar la saga de Hayim Bejarano. Y que el padre de este, su abuelo, había sido, ni más ni menos que Hayim Bejarano, por lo que pude llegar hasta su descendencia. Que relaciono en el pie de página. Por lo que me puse a la tarea de tomar contacto con cualquiera de sus descendientes, Al final decidí seguir la pista del segundo de los hijos de Haym, Marín, que era el mas fácil y factible de seguir su pista que me llevó hasta Francia, a la Costa Azul… y aquí es donde tu me ayudaste de verdad en el inolvidable viaje que realizamos en coche recorriendo la hermosa costa que baña el Mediterráneo hasta llegar a Niza, en busca de la línea masculina de la saga Bejarano.

                                   Carme, gracias por tus consejos entonces pues yo tenía otros planes de investigación pero tú sabiamente me aconsejaste seguir mejor la línea masculina que nos llevó hasta Angelo Bejarano y fue donde me di cuenta de mi error. Estaba buscando en la Costa Azul, cuando en realidad los tres hijos de Marin habían vivido en Paris.

                                     Cuando llegué y gracias a la sinagoga de Montparnasse donde me atendieron perfectamente, me dieron la noticia del fallecimiento en 1981 y de Yves, con 40 años, por lo tanto se extinguía esta rama., pero me dieron la dirección de la segunda hija, Gisele, al fin dí con la ciudad de Pontoise, en los suburbios de París, donde tuve la fortuna de tomar contacto con uno de los dos hijos de Gisele, que había fallecido, Daniel Domenichini, que ya no era Bejarano, pero que me atendió con toda amabilidad, explicándome detalles de toda su familia, pero en sentido contrario a como yo había investigado. Es decir, desde el horror de su madre Giselle Bejarano que se casó con Luigi en 1937 en Niza, y que sufrieron persecución de los nazis en el campo en el campo de concentración de mujeres de Ravensbrück  donde el Ejercito Rojo entró el 27 de abril de 1945 a 80 km. de Berlín. Cuando estaban confeccionando un censo de aquel ejército diezmado de cadáveres ambulantes, Y que había conocido en el mismo campo, de hecho la andaba buscando, a un muchacho llamado Luigi, con el que años mas tarde se casó.

                            De sus tíos, de sus padres y abuelos, el mítico Rabino de Turquía.

                            Daniel, casi de mi misma edad, en una hermosa mezcla de francés y de ladino, me explicó que su madre le narraba historias misturas de Constantinopla y de Sefarad, de los pueblos que había habitado sus ancestros y de que tenía la ligera noción de que sus raíces se hundían en una de las aljamas de la tierra de Castilla. Y que había escuchado la historia de un encuentro en el campo de concentración entre su madre, milagrosamente superviviente y de un agente español llamado Amós.

                Daniel me narró la historias de Hayim, su bisabuelo, hombre sabio, prudente, y bondadoso, revestido de los sagrados atributos que le confiere su misión, si sus luengas barbas, y aquel rostro afilado y de ojos vivarachos que le brillaban –cansados- de sus padres, y de sus abuelos, y porqué no, de sus bisabuelos, quien sabe, tal vez, ojala, porqué estos no podían haber transmitido recuerdos , a su vez de sus antecesores, y tal vez, quizá, porqué no, hubiesen llegado a trasmitir real y fidedignamente aquel infausto día de un terrible año de 1493, y porqué no, hubiesen retenido la imagen de las cúpulas fulgentes de oro de la ciudad de Constantinopla cuando un Bejarano, tal vez uno de los Bejarano que no quisieron abjurar, se aventuraron a bordo de uno de los bajeles que surcaban el Mediterráneo, y dejar testimonio de su arribada a las costas del Mar de Mármara. Los Bejarano de la diáspora turca habían considerado a Haym Bejarano como patriarca de la familia, al que debían agradecer no haber perdido por completo el legado traído al país de Soliman el Magnífico los aromas de la tierra de Sefarad, su cocina, sus costumbres, su religión y ritos, sus llaves, y su idioma, aparte del tesoro más valioso: su propio orgullo y estima intactos.         

                                        Y hasta aquí la historia que mi padre oyó una noche, entre ruidos de interferencias parasitarias en la vieja Telefunken a través de una de las emisoras que lograban introducirse clandestinamente en la casa y en los corazones de muchos españoles de la época.

                                        Y un tal vez más que probable antepasado, aunque su reto –él me lo dijo- era no parar hasta conocer quién, cómo, porqué, desde dónde salió el primer Bejarano de España.

                 Y esta es, querida Carme, lo que logré descubrir en mi viaje a Francia. Te muestro asimismo, las fotografías de las personas que desde entonces han pasado a formar parte de mi misma familia.

                 Muchas gracias por tu inestimable ayuda a través del país vecino, con tus conocimientos de la lengua francesa y del bello país de Moliere. Y que sepas que siempre te estaré agradecido, porque supiste, amiga mía, superar tus achaques, los guardaste pudorosamente para hacerme sentir cómodamente, y que yo, torpemente, pensé que te encontrabas perfectamente. Lo siento mucho, de verdad y hace que doblemente mi agradecimiento no llegue a pagar ni en la décima parte, de lo que hiciste por mí. Gracias.

                            Como gracias mil, finalmente, a mi nuevo “pariente” Daniel Domenichini quien gentilmente rescató recuerdos ya casi olvidados, y ayudó a que mi búsqueda fuera fructífera y encontrara al fin  los eslabones perdidos y que la Teoría de los seis grados[3] se haya hecho realidad y no simplemente leyenda urbana, y que al fin, pueda quedar tranquila mi obsesión, y dedicarle a mi padre, en forma póstuma, las conclusiones a las que he llegado, y que sepa que si bien desconfié de su a veces calenturienta imaginación, hoy puedo confirmar sus sospechas: para él incluyo la vida y obra de quien fuera gran hombre Hayim Bejarano, gran Rabino de la Turquía y de Estambul, más que probable familiar intermedio entre los Bejarano de la Sefarad de 1492 y los Bejarano que quedamos en Europa occidental. No sé si este deslavazado relato confirma o tal vez descarta la teoría. Por mi parte juro que mantendré el apellido Bejarano mientras quede un resto de aliento en mi alma.

                            Un saludo afectuoso para Carme, de Barcelona y Daniel Domenichini (Bejarano). Adiós.

                                       

                                        José Antonio Bejarano

                                        Huelva mayo 2009

                           

             

 

                           

 


(1)La mujer a través del Arte (1932) Fondos de la Filmoteca Nacional. Madrid.

                   [2] Nació en la ciudad de Bulgaria Stara Zagora en 1850, fruto del matrimonio de Moshe Bejarano y Kalo Baruch. A temprana edad lo enviaron a Palevna (Pleven) con su abuelo, el rabino Isak Baruch quien lo introdujo en el estudio de la Torá hasta que a los doce años retornó junto a sus padres. Asistió a diversas escuelas rabínicas y a los 17 se convirtió en el rabino de Rusjuk Varna, comenzando el estudio del inglés, francés y alemán. Cuando comenzó el conflicto bélico entre Rusia y Turquía, en 1877,  de la que su madre fue víctima, regresó a Bucarest comenzando un rico periodo de su vida. Hablaba el árabe y el turco ejerciendo como intérprete en el Ministerio de Exteriores de Rumania, siendo recibido en varias ocasiones por la Reina poeta Carmen Sylva de Rumania con la que mantenía fructíferas conversaciones de Literatura y Filosofía. Fundó Hovevey Zion e intercambio correspondencia con Theodor Herzel, Max Nordow, y Ben-Yehuda, utilizando los acentos sefarditas al hebreo moderno. Fundó una escuela en Andrinópolis, la actual turca Edurne. Jugó un importante papel en la literatura hebrea y publicó innumerables artículos en los periódicos “Hamagid”, “Hazofe” y “Hahavazelet”. Escribió en la lengua ladina en los periódicos “Tiligrafo” y “El Tiempo” así como se dedicó a escribir un libro en ladino (entre 1903 y 1913) que contenía 3600 proverbios tradicionales judíos. Se casó con Reyna Asa y tuvieron ocho hijos, tres varones y cinco mujeres llamados Marin, Severe, Jacques, Bucka, Rosa, Rahel, Diamanti, y Bellina.

Al Rabino Bejarano le gustaba ayudar a la gente necesitada, huérfanos y viudas. Consiguió el Grado de Doctor del seminario rabínico. En 1911 se hizo Magnífico Rabino de Andrinópolis, ayudando a la comunidad cuando la guerra balcánica.

                   En 1920, tras la muerte del rabino Effendi, se hizo Magnífico Rabino de Turquía.

                   Falleció en 1931 siendo enterrado en el Arnavutkoy Jewish Cemetery, de Ulus, en Estambul. Su hija Baratz dijo de él: “fue amigo de sultanes, del último califa y de Ataturk. El mundo lo admiró aclamándolo, y se hizo un lugar entre la gente culta. De enorme memoria, supo combinar la cultura occidental con los tesoros de la cultura del Este. Inclinado al perfeccionismo, pero de una profunda humildad y gran modestia.

                   En resumen, según Vidal Saphila, Gran Maestro, liberal, poeta y filósofo, objeto de estudio en diversas publicaciones de Israel. Descanse en la paz.

                [3] Cualquier persona del planeta está conectada con cualquier otra, a través de una cadena          de conocidos con no más de cinco eslabones o puntos de unión.


4/23/2009

23 Abril Día del libro

Sra. Presidenta de la Diputación provincial de Huelva;  Sr. diputado de Cultura.
En mi propio nombre:
En el Día del Libro, les demando una pregunta: porqué razón la edición facsimilar de Dios deseado y deseante de Juan Ramón Jiménez, realizada por Rocío Bejarano y Joaquín Llansó, no ha sido, aún, presentada a la ciudadanía de la provincia onubense puesto que su estudio, realizado por los investigadores Bejarano (onubense, puesto que tanto parecen valorar la procedencia) y Llansó, fue financiado en parte con fondos de la Diputación de Huelva, luego con dinero de los contribuyentes. A ver, con todo el respeto debido a sus cargos, una explicación.
Saludos
José Antonio Bejarano (sí, el padre)  
3/21/2009

De concursos y de Forum mundial del Agua

Mañana es el Día Mundial del Agua,
Brevemente voy a explicar una anécdota que me sucedió en mi trabajo. Vosotros juzgareis:
Estoy muy concienciado sobre el tema del agua en el mundo. Creo que es un bien que debemos cuidar: no hay más que echar un vistazo a un globo terráqueo -hoy Google Earth- para darnos cuenta de que estamos rodeados de agua... de mar.
Bueno, sin enrrollarme, hace un par de años la Compañía en que trabajo realizó un Concurso de sugerencias con el objeto de que los trabajadores diramos pequeñas ideas para el ahorro de energía y de recursos "por pequeños que estos sean". Soy poco dado a concursos pero me decidí a presentar un propuesta consistente en ahorrar a la Compañía un gasto en un elemento esencial como es el agua.
Consistía en algo tan simple como sustituir un obsoleto aparato de destilación de agua, mejor dicho retirar y tirar a la basura dicho aparato, consumidor voraz de energía eléctrica y despilfarrador de agua sobrante (tengo los cálculos realizados)y suministrarnos -yo trabajo en el laboratorio- a través de una humilde tubería de neopreno proviniente de una planta desmineralizadora que produce en grandes cantidades LA MISMA COMPAÑIA... o sea, dicho de otro modo para qué destilar agua si la tenemos gratis.
El caso es que vi tan claro que ganaría, e incluso que me harían la ola -nunca mejor dicho- que hice planes para tener dos ordenatas portátiles, este con el que escribo y el del primer premio que estaba destinado para el menda, yo.
Total, entregué debidamente explicado, razonado, calculado, cuantificado, incluso detallando los posibles mínimos problemas como son las posibles excepciones, datos comparativos entre el uso de los dos tipos de aguas, etc, etc. y esperé el día del fallo con la misma ilusión de un padre esperando el nacimiento de su primer hijo, o algo parecido.
El caso es que transcurrió el tiempo (el Jefe de mi departamento, hoy felizmente "eretizado" acudió a mirar subrepticiamente el "parato"), y cuando le vi la cara de displicencia, lo supe: NO GANÉ. Aún me dura, y ya han transcurrido un par de añitos, la cara de estupefacción: el destilador continúa consumiendo vorazmente energía eléctrica, y por cada litro de agua destilada obtenida, se arroja diez veces más por la cañería con destino a los desagües.
Yo lo intenté. Intenté hacer un pequeño gesto con el que homenajear y ayudar a tantos millones de personas en el mundo que las pasan canutas, y mueren, por falta de agua o consumo de la misma en condiciones absolutamente insalubres. De verdad que lo intenté y cada día me sonrojo del inutil derroche incluso de capacidad profesional y humana de ciertos responsables que no son capaces de ver más allá de la pared donde cuelgan sus amarillentos títulos universitarios y técnicos. Y el convencimiento de que hay que huir, al menos yo, de los Concursos de Sugerencias, que lo único que hacen es poner al descubierto la capacidad de los currantes de ver lo que los de arriba no ven ni han visto nunca.

Margaretta Omeidou, lo siento, tendrá Vd. que continuar, allá en su aldea del interior de Somalia, cada día recorriendo los cinco kilómetros para proveerese de ese líquido, que yo he visto, infecto.

2/27/2009

dios deseado y deseante, JRJ. Edición de Rocío Bejarano y Joaquín Llansó

MANUEL DE LA FUENTE | MADRID  

 

http://www.abc.es/20090226/cultura-libros/juan-ramon-puertas-cielo-20090226.html 2009-02-27

Juan Ramón, a las puertas del cielo

 Se publica una exhaustiva edición crítica de «Dios deseado y deseante (Animal de fondo)», la obra

cumbre y póstuma del poeta onubense, Nobel de 1956, que incluye más de quinientos facsímiles, con

todas las versiones de cada poema, sus aforismos sobre Dios y un

Poema inédito

«Hasta tu nombre»

Al vivirla, al gozarla, al contemplarla,

creador, poeta,

estos nombres que el hombre

puso a tu creación

los pisé yo con dulce peso,

y ellos me dejaron que yo los pisase

como pisa el amante a la amada

en el goce supremo del amor que

engendra

en nombre sucesivo hasta tu nombre.

 

 

Cuentan las crónicas, los viejos libros de texto del bachillerato,

que el poeta no era, precisamente, la alegría de la huerta. Pero

libros como éste, con el debido respeto que se merece uno de

los grandes creadores del siglo XX, a Juan Ramón Jiménez le

habría puesto cuerpo de jota, su jota jenial, jenuina, jerminal y

jenerosa. En vida no pudo verlo publicado, aunque sí vio la luz

un anticipo en Buenos Aires, en 1949, con el título de «Animal de

fondo», en edición de Rafael Alberti. Luego, llegaron otras

ediciones, ya con el nombre completo que el vate de Moguer

quería, «Dios deseado y deseante (Animal de fondo)», pero

nunca una edición crítica como la que ahora se acaba de

realizar, que publica Akal, y que ha corrido a cargo de

Rocío Bejarano y Joaquín Llansó,

un edición crítica y facsimilar,

exhaustiva, minuciosa, cabal, enciclopédica.

Una reconstrucción crítico-textual que tiene vocación de

definitiva. Más de mil doscientas páginas, con cuatro y hasta

cinco versiones de cada poema, alrededor de quinientos

facsímiles reproducidos y una selección de aforismos en los que

el artista daba cuenta de su peculiar idea de Dios, y también de

dios, como a él le gustaba escribir.

En su colina de los chopos

El libro fue presentado ayer en su entrañable Residencia de

Estudiantes, a la que el mismo nombró como la colina de los

chopos, en un acto al que asistieron, además de los dos

editores, Carmen Hernández Pinzón, sobrina nieta del poeta, y

representante de sus herederos; Juan María Serrato, de la

Diputación de Huelva; el poeta y periodista Antonio Lucas; y

Jesús Espino, jefe de edición de Akal.

El premio Nobel onubense, con fama generalmente merecida de

exigente con los demás y consigo mismo, avisó de su puño y

letra a los navegantes que quisieran aventurarse por el océano de su poesía: «Malditos los que, en lo futuro,

hagan de mi obra unos libros feos, sucios o recargados, superficialmente lujosos; los que no respeten mi orden y

mi selección, los que los alteren en una coma voluntaria». Con estas palabras muy presentes, Bejarano y Llansó

se hicieron a la mar. «Sí, saber lo exigente que era supone un plus, y además en poesía una simple coma puede

convertirse en fundamental, vital, puede cambiarlo todo, sobre todo en versos como estos, con una gran

densidad filosófica y una gran profundidad de pensamiento».

En esta etapa final de su vida y de su obra, lleno de sabiduría lírica y humana, Juan Ramón Jiménez rozaba con

la yema de los dedos el rostro, las facciones de dios, su dios escrito con minúscula, como ayer destacaba

Carmen Hernández Pinzón, recordando las propias palabras de su tío abuelo: «Escribo dios con minúscula

como pongo padre, madre, hermano, gloria y mar, tierra y cielo, y mujer. No es irreverencia, pero tampoco es

reverencia, no es temor es, con minúscula, amor».

Un poeta en el sentido que le daban los griegos de hacedor de la luz, de iluminador, de intérprete entre la

palabra de los dioses y el corazón de los humanos. «Juan Ramón Jiménez quería abrir el ámbito del acontecer

mediante su canto -continúa el editor-, acercarse a ese acontecer mediante el pensamiento simbólico. Dios se

aparece en la luz mediante el cantar del poeta. Eso quería Juan Ramón». ¿Cómo? «Buscando la esencialidad

de la palabra, expresar lo inexpresable, por eso pensaba que su poesía tenía que desembocar en el silencio».

Un viaje en el que no es polizonte San Juan de la Cruz, aunque Juan Ramón no quiera subir al Monte Carmelo,

 ni siquiera seguir el camino de perfección de la santa de Ávila, ni aun que el hombre se haga Dios, sino que Dios

y y hombre cohabiten en la propia conciencia de hombre: «El dios que es siempre al fin, / el dios creado y

recreado / por gracia y sin esfuerzo. / El Dios. El nombre conseguido de los nombres». Después de estos versos,

efectivamente, sólo queda el silencio.

2/16/2009

Cementerio ingles de Huelva

El cementerio inglés, de Huelva, está comenzando a estar invisible tras la hierba que está comenzando a crecer tras un invierno lluvioso.
Ayer cerré la puerta con el candado que estaba fuera de su lugar y que deja la puerta entreabierta para que entren los intrusos sin necesidad de saltar la tapia.
He de rectificar y reconocer que el cementerio inglés no es competencia del Ayuntamiento de Huelva, sino de una congregación religiosa, anglicana, con sede en Madrid.
Así que, a esperar que crezca la hierba e impide ver las tumbas que entierran parte de la Historia de Huelva, de España y de Europa. Me encantaría entrar con todas las de la ley y anotar todos y cada uno de los difuntos que descansan en el sagrado recinto.
Y los tres pollos descabezados que encontré en la puerta, me gustaría no volver a verlos.  
2/8/2009

Quieres vivir sin soportar a los fumadores en los locales cerrados públicos??

Es una poca vergüenza que en nuestro pais, España, al entrar en un sitio público, tengas que soportar los humos de los fumadores.
Cada uno que se mate como le dé la gana, pero que no obliguen al resto en locales de uso público.
Soy poco amigo de firmas, pero esta causa me parece justa y posible: cumplir la ley que existe.
Si te animas, ahí tienes el link que te llevará al sitio correspondiente.
Gracias en nombre de las generaciones futuras.

Pepe, mi suegro, recuperado

Aquí os presento a mi suegro, Pepe, que hace un mes estaba al borde de la muerte y hoy está totlmente recuperado a falta de una pqueña intervención quirúrgica.
Lo mismo que lo incluí en una entrada y vosotros os intersasteis, ahora os comunico de su recuperacion.
E intentando intoducirlo en el internet, aunque de esto, no sé no sé...
2/6/2009

Rocío presenta su edición juanramoniana !!!

Dios deseado y deseante (Animal de fondo)

Autor Juan Ramón Jiménez

Edición de Rocío Bejarano Álvarez y Joaquín Llansó

Editorial Akal ISBN 978-84-460-2926-7 Ilustraciones 484 Páginas 1240 Formato 15x21 Fecha edición 26/01/2009 Materia Literatura española Colección Vía Láctea Ver Índice

"Dios deseado y deseante (Animal de fondo)", junto con el poema en prosa "Espacio", constituye la síntesis de toda la obra anterior de Juan Ramón Jiménez, ya adelantada en aquella escrita en el exilio, todavía demasiado desconocida en nuestro país. Dentro de lo que él denominó su "obra en marcha", tanto el presente libro como "Espacio" constituyen, en efecto, una síntesis que se sobrepasa a sí misma enteramente, de tal modo que en ella anida el sentido más hondo de ese inacabamiento que justamente significa su obra en marcha. La paradoja que representa que este libro suponga el cumplimiento de un inacabamiento esencial a su quehacer poético, hace de él una de las mayores joyas de la poesía del pasado siglo, no sólo de habla hispana, sino de todas las lenguas, comparable a las más representativas obras de autores como Eliot, Baudelaire, Hölderlin o Rilke. La presente edición es la primera de un libro de Juan Ramón Jiménez que no sólo viene acompañada de un exhaustivo aparato crítico sino que, además, tiene la bondad de constituir una edición abierta al incorporar los facsímiles de todos los manuscritos –autógrafos y mecanografiados con anotaciones a mano– de cada uno de los poemas. Incluye asimismo un poema inédito

2/1/2009

La gota fría

 

 

Hoy, 1 de septiembre de 2001, recien llegados a casa, mi marido y yo nos vamos a sentar y vamos a reflexionar sobre el camino a tomar en nuestro matrimonio. Han sido diez días de vacaciones, en los que ha ocurrido lo que hace escasamente quince ni se me hubiera pasado por la imaginación. He de decir que si no lo esperaba tal como se ha desarrollado, sí imaginaba que algo ocurriría: cuarenta y cinco años, veinte de matrimonio, dos hijos en el mundo -volando solos- con un empleo aceptable (jefa de sección en una empresa de componentes electrónicos) a cambio de un sueldo decente, y un piso, ya pagado, montado por todo lo alto pero el matrimonio haciendo agua por todas partes.

Y mire usted por donde, resulta que a mi querido esposo le entró de repente una depresión que es que no quiso ni que le ayudase ni nada, y es que resulta que tiene un negocio a medias, una especie de cartera de valores, y aunque él juraba y perjuraba que todo estaba bien ,bien, no paraba de decirme el mal yu-yu que le entraba leyendo la prensa; y yo, harta de decirle que acudiera a un sicólogo para que no continuase con ese sentimiento de culpa y que le ha repercutido en sus capacidades sexuales. Ha sido el colmo de la paciencia, y ésta se me ha agotado.

Resulta que, a punto de salir de vacaciones, un día antes de la prevista partida me dijo que no podía salir, que debía continuar acudiendo a la oficina, a revisar toda la documentacion acumulada durante los tres años que hacía que tenía la agencia de depósitos, porque quería estar seguro de que todo estaba en regla. Estás loco, traté de calmarlo, ¿cómo vas a andar revisando todo, a estas alturas, si has actuado con la ley en la mano, los depósitos de los clientes los inviertes y pagas reliogiosa y puntualmente los intereses acordados.? Olvídate y relájate, le dije por activa y por pasiva, encárgalo a tu socio (en ese momento puso cara de asombro y enarcó exageradamente las cejas). Es más, te prometo que al regreso, yo misma te ayudo: nos metemos en la oficina y revisamos todo hasta quedar completamente convencido de tu honestidad y tranparencia. Pido excedencia en mi trabajo para ayudarte, cariño, pero vámonos de vacaciones como teniamos programado.

No hubo manera. Con las maletas preparadas y el mapa (nosotros somos de los de carretera, manta y Visa), el frigorífico lleno de alimentos para los niños (de 18 y 19), y comida para Perki nuestro gato siamés, allí estaba yo como una tonta, en mitad del pasillo, rodeada de maletas, y mi maridito en plena crisis de histerismo maníaco-depresivo, viéndose, ya, bajando la rampa y entrando en la Audiencia Nacional, para salir camino de Ocaña II, procesado por estafa monumental.

Les puedo prometer que no he visto la pelicula, ni sé con absoluta certeza de qué trata, pero les aseguro que la imagen de Thelma y Luise, a bordo de un automóvil, cruzando los Estados Unidos, pasó por mi mente. Convoqué a mi marido (prefiero omitir nombres personales) y se lo planteé: tú te metes en la oficina asegurándote de no estar cometiendo ningún delito y yo, si no te importa, me voy, según lo previsto, sola, a pasar unos días de descanso, tal y como teníamos planeado. Se le iluminó la cara por un instante. Sonrió y me dio un beso, me dijo que me fuera tranquila, que pasase los diez días lo mejor que pudiera, que no me preocupase por nada, y que me llamaría al móvil, caso de que hubiese solucionado todo. Yo quedé en que le llamaría regularmente para que supiese por dónde andaba.

Así que, dicho y hecho: en menos de media hora me encontraba conduciendo por la circunvalacion M-40 en busca de la primera salida de la ciudad, y aunque no lo tenía muy claro, decidí salir zumbando hacia la costa, por lo que, en cuanto enfilé la nacional III, me arrellané en el asiento y apreté el acelerador, procurando alejar los pensamientos que, sin querer, habían anidado en mi cerebro. Al cuerno, me dije, si mi marido tiene complejos de culpabilidad, yo no voy a caer en ellos, así que, adelante.

Los kilómetros y la carretera, excelente, pasaban y casi sin darme cuenta, me encontré con una bifurcacion, e inmediatamente tomé la decision de evitar las aglomeraciones y opté por desviarme más hacia el sur, por ejemplo, Alicante. Paré a repostar gasolina y, de paso, entré en un restaurante de carretera para almorzar. Dejé a medias el gazpacho y la trucha rellena que me pusieron como plato del día. Primera llamada a la oficina y en pocas palabras mi marido me dio largas; estaba enfrascado, y le comuniqué cuál era mi ruta. A medida que discurrian los kilómetros me pregunté si acaso habría hecho bien en dejarlo solo cuando, quizá, más me necesitaba. De acuerdo que las informaciones de los últimos días respecto a la estafa del siglo, como empezaba a denominar la prensa la desdaparición de treinta mil millones de la agencia de valores Mascartera, era para ponerse las barbas a remojar y atarse bien los machos, pero la Mascartinver, la empresa que dirigía mi marido, era de toda solvencia y en la Bolsa era todo de una gran claridad, con una lista de inversionistas —pequeña— pero de absoluta confianza, como tantas veces había escuchado comentar a mi marido, aunque, cada vez que hablaba de su socio y consejero delegado, a mi marido se le ponía un mohín que me resultaba sospechoso.

En fin, a lo hecho, pecho, y porque yo me vaya sola de viaje tampoco se iba a hundir el mundo. Me considero una mujer liberada, y había llegado el momento de demostrármelo a mi misma. Sola, joven, bueno, maduramente joven, económicamente autosuficiente, ¿porqué no unas pequeñas vacaciones?.

Dejé atrás, casi sin darme cuenta, Albacete y Chinchilla, donde decidí dejar la autopista e internarme por el pequeño laberinto de carreteras nacionales y autonómicas. Me sentía satisfecha, pues por vez primera en veinte años de matrimonio, era la primera vez que, en algo tan simple como viajar en automóvil, yo misma era la que tomaba las decisiones: cuándo y por dónde desviarse; dónde parar y dónde comer o dormir. Y no como hasta entonces que sólo le servía a mi marido para encenderle los cigarrillos cuando conducía, echar un vistazo al mapa de carreteras y preguntar en los hoteles si había habitación. Y ahora era todo de mi absoluta responsabilidad. Como en mi trabajo.

La carretera serpenteante, de pronto, se vio invadida por automóviles que se cruzaban o me precedían y seguían. El paisaje comenzó a llenarse de urbanizaciones que aparecían y desaparecían entre las masas de pinos que llenaban las escarpadas crestas de la cadena mediterránea. El aire, a través de la ventanilla, me traía aromas a naturaleza y a mar. Estaba absorta en la vista del paisaje, largamente añorado durante todo el año, cuando un chirrido agudo de neumáticos me hizo volver a la realidad. Llegó a mis oídos, luego a mi cerebro y en una fracción de segundo vi que el coche que iba delante estaba parado. Sólo pude pisar a fondo el pedal del freno y el coche también se quejó: lanzó un largo y agudo grito en forma de rodada sobre el asfalto. Me quedé a  una cuarta del coche delantero. Incluso pude ver los ojos del conductor que se clavaban en los míos, a través de su espejo retrovisor. El corazón se me subió a la garganta, pensando en lo que había estado a punto de ocurrir.                 

Cuando se abrió el semáforo, el primero que veía desde que salí de Madrid, me abroché el cinturón de seguridad, aunque a los pocos minutos de continuas bajadas y curvas me encontré con un espectáculo conmovedor: Sobre la playa, en la lejanía, resaltando el horizonte del mar, una inmensa mole calcárea, elevándose sobre, tal vez, 400 ó 500 metros y con unos colores y contraluces producidos por los rayos del sol, cayendo casi en horizontal, dando un aspecto totémico, dominando el mundo a sus pies. Continué descendiendo las pendientes de Aitana, atravesando rotondas, mientras leía los numerosos anuncios de urbanizaciones y negocios, escritos en varios idiomas, predominando el alemán. Había ocurrido lo que yo había previsto: sin casi controlarlo, como en una ruleta, la fuerza centrífuga había cesado llegando al final de mi destino. Frené junto al acerado de las primeras casas del pueblo ante un panel informativo. Hoteles, hoteles y hoteles. Sin dudarlo, me dirigí hacia el puerto mientras el Peñón de Ifach iba agigantándose y perdiendo la perspectiva que había advertido desde la lejanía. Ahora el “peñal” lo dominaba todo y mirando a su cumbre, desde sus mismos pies, me sentí como una hormiga, a su capricho.

En el puerto de Calpe estacioné el coche y encontré un hotel —el Nuevas Hébridas—, donde conseguí la única habitación libre (doble), con vistas a la bahía desde el 8º piso. Decidí comunicarlo a mi esposo, aunque, como hacía a menudo, preferí escribir un mensaje a su móvil, con los datos del alojamiento. Algunos pequeños barcos pesqueros entraban por la bocana, y en la playa, situada a poniente, algunos bañistas apuraban la última hora de la caída del sol, mientras un socorrista de la Cruz Roja arriaba una pequeña bandera roja. Sin dudarlo, me desnudé y me puse el biquini que me había comprado un par de días antes. En la bolsa de playa metí lo normal: las cremas y filtros solares, la toalla, el tabaco y una gorrita, de mi marido. Dudé un instante pero, finalmente, decidí dejar el móvil recargando en la habitación.

El recepcionista me saludó, y miró su reloj. La verdad es que comenzaba a declinar la tarde, pero no podía desaprovechar un minuto. Atravesé la calle y a través de una pasarela de madera sobre la playa me dirigí hasta la misma orilla. Las olas se estrellaban contra la arena. A mí me parecieron pequeñas, en comparación de las olas del Cantábrico, y deduje que la bandera de prohibición estaría por cualquier otra causa. Dejé los bártulos sobre la arena y me sumergí en el agua. Un año soñando con aquel momento. El agua estaba templada; las olas me arrastraron para adentro, y entonces fue cuando me di cuenta del peligro que anunciaban con las banderas. No me ocurrió nada pero tuve conciencia de que yo era de tierra adentro y de que al mar hay que tratarlo con respeto. Estuve nadando un buen rato, haciendo pie en todo momento hasta que me di cuenta de que la playa se estaba quedando vacía, así que decidí salir. Lo hice y cogí la toalla con la que estuve secándome aunque el viento de levante era cálido y no sentí la menor sensación de frío. Estaba restregándome la espalda que me picaba por el salitre y entonces fue cuando nuestras miradas se cruzaron. Estaba echado sobre una gran toalla y me ruboricé pues el descarado no apartaba su mirada. Hice memoria pues aquella misma mirada la había visto antes. Claro, era la del automovilista con quien estuve a punto de tener un choque en la bajada de la sierra de Aitana. El caso es que en las décimas de segundo que lo observé, pude apreciar la figura de su cuerpo, en una posición tal que parecía estar completamente desnudo. Era de constitución atlética, aunque sin exagerar, acostado sobre la toalla y su cabeza ladeada, apoyada en su antebrazo derecho. Se notaba que no era su primer día de playa, como me ocurría a mí. Bronceado, el pelo negro, y con una especie de mini bañador o tanga que se le introducía entre sus glúteos, de ahí que me pareciera, en principio, que estaba desnudo. Yo continué secándome, aunque el corazón parecía salírseme por la garganta. Parecía mentira que aquella mínima cantidad de tela de su bañador —azul— marcase la diferencia entre la desnudez total y el traje de baño políticamente correcto. Acabé de secarme y recoger las cosas; no sabía si sentarme e iniciar un  pequeño escarceo (porqué no, si tenía todas las “quejas” de mi marido al respecto), o salir de allí inmediatamente y dirigirme al hotel. Y, no crean, yo no me considero una mujer ligera, o casquivana, qué va, todo lo contrario, incluso tengo fama de puritana, me he considerado siempre una mujer con la cabeza sobre los hombros, con mucho contacto profesional con hombres en mi trabajo, y jamás he sentido la menor intención de tontear con nadie. Pero  aquello era diferente. Desde el dichoso asunto de Mascartera, mi marido estaba lo que se dice “missing”, pasaba olímpicamente de mí, y lo peor es que yo había intentado animarlo, pero él lo había evitado, por no decir despreciado. Y ahora yo, allí, sola, en una playa también solitaria, sólo rodeada de bloques de apartamentos, y un tipo, por qué no decirlo, cachas  —superfashion—, mirándome fijamente.

Lo observé de soslayo al tiempo que se incorporaba de un salto. Yo también me quedé mirándolo y vi que lo que me parecía un escandaloso tanga o un mínimo triángulo de tela cubriendo también lo mínimo indispensable, no era sino un bañador de lo más modoso que en aquel momento se lo desenrollaba triangularmente por la parte delantera desde las mismas ingles. Me dio tiempo a observar lo dotado que estaba. A continuación también se lo extrajo de su trasero y sin que me diera cuenta estaba a dos pasos escasos de mí, sonriendo y tendiéndome su mano, que dejé en el aire mientras le miraba extasiada sus pectorales, brazos y piernas completamente desprovistos de vello.

-Hola, me llamo...

-No me interesa  

-No te pongas así. Te he visto salir del hotel -era un poco más alto que yo y el salitre se le había cristalizado en su cara dándole un aspecto de niño travieso-. Así que somos vecinos, porque también me alojo allí.

-Pues qué guai -me estaba saliendo la actitud sarcástica que tan bien me iba, aunque mi corazón latía con violencia. Comencé a caminar hasta la zona de chiringuitos, mientras él recogía sus escasas pertenencias (toalla, cajetilla de tabaco y poco más) y noté que, en un santiamén, se colocó de nuevo a mi lado. Por primera vez me sentí indefensa ante un hombre de no más de veintiocho años-. Pero he de dejarte pues quiero continuar sola -mentí, pudiendo haberlo alejado con sólo mencionar a mi marido. Pero no lo hice.

En el ascensor me dijo su nombre, y yo le dije el mío.

-Te espero a las diez en punto en la puerta. Te invito a una mariscada  -dijo mientras salía del ascensor en el 4º piso, sin darme tiempo a reaccionar y declinar el ofrecimiento.

En mi habitación, mientras dejaba caer el agua de la ducha, justamente tibia, sobre mi cuerpo, no dejaba de darle vueltas a aquel pequeño incidente que, lejos de molestarme, me agradaba, con una sensación de pequeña aventura en ciernes, pero con el firme propósito de ir caminando siempre sobre lugar seguro. De ello me encargaría yo, qué demonios. La cosa no era tan grave.

De la maleta extraje un vestido verde, el más llamativo que tenía. Me dejé el pelo -previo toque de gomina- suelto y me puse zapatos de tacón. Me miré en el espejo de la habitación y hube de estirarme el vestido que me llegaba escasamente hasta la mitad de mis muslos. La verdad es que no aparentaba los cuarenta y cinco años que especificaba mi denei, y mis pechos podían competir en turgencia y firmeza con cualquiera de las chavalas que pululaban por playas y ciudades, así que decidí dejar el sujetador -olvidado- en la maleta.

A las diez y cinco, con calculada impuntualidad, bajé al vestíbulo con la esperanza de que no estuviera allí, pero con el deseo y la sensación de que no estaría mal cenar con alguien conocido.

Y allí estaba, cuidadamente despeinado, tejanos desgastados y camisa polo azul claro, pegada a su torso resaltándolo con provocación. Me sonrió luciendo una dentadura perfecta, y yo le contesté de la misma manera. Entregué la llave a la recepcionista. Durante unos segundos nos quedamos uno frente al otro sin decir palabra, como si fuese la primera vez que nos veíamos después de mucho tiempo.

-Te voy a llevar a cenar a un sitio que te va a gustar.¿De acuerdo?

-Vale, debo estar loca de remate -dije espontáneamente mientras esbozaba la mejor y más pícara de mis sonrisas.

La verdad es que no hacíamos mala pareja, aunque se notaba claramente que él era más joven que yo aunque no lo suficiente para ser mi hijo ni lo suficientemente mayor para resultar una pareja convencional. También me asaltó la idea de sensación de ridículo al venir a mi mente la palabra gigoló, que era lo que me parecía. O que alguno de mis subordinados, habituales de aquel lugar de vacaciones, me viese. En fin, sumida en estos pensamientos, entramos en un restaurante, sospechosamente vacío, alejado de las marisquerías portuarias repletas de veraneantes.

El camarero nos colocó en el extremo del comedor más cercano al agua del mar con una espléndida vista del Peñón de Ifach.

-Es impresionante, ¿verdad?

-Cierto. Me ha dejado alucinada cuando llegué esta tarde.

El camarero, a nuestro lado, encendió una vela en el centro de la mesa y nos preguntó qué íbamos a cenar. Yo miré a mi acompañante y le pedí tomar la decisión por mí.

-Una mariscada extra, especial de la casa, para compartir -me dirigió una mirada cómplice y picarona-. Y para beber, blanco, Marqués de Alella del 97, a no más de doce grados, por favor.

Me dejó admirada su seguridad, impropia de un hombre tan joven. Comenzó a contarme que era piloto de helicópteros, destinado en la base de Alicante, y que se dedicaba en verano al rescate de montañeros en apuros que no podían con el Peñón. Aquel día y el siguiente, eran sus días de descanso. Me contó un montón de anécdotas de rescates -había perdido la cuenta en los que participó-, como cuando tuvieron que recoger a un excursionista que amenazaba con arrojarse desde la pared sur, a doscientos metros en vertical,  si su novia, decía a voces en alemán, no volvía con él. Finalmente, en vista de que no recuperaba la cordura y la noche se echaba encima, lo rescataron inyectándolo un somnífero en plan 'Selva del Orinoco', o sea, disparando una jeringuilla hipodérmica cargada de pentotal sódico con una cerbatana, desde el mismo helicóptero.

Aquel jovencito me tenía deslumbrada. Escasamente en veinticuatro horas había pasado de escuchar llantinas del broker de mi  marido sobre inversiones, inversionistas, descapitalización, y otros conceptos para mí absolutamente desconocidos en nuestro piso de Infante de Dosaguas, al lado del Manzanares, a estar dando buena cuenta de unos bogavantes, langostinos y "carabineros morunos" regados con un vino exquisito que no se notaba al entrar, acompañada de un pedazo de tío contando historias increíbles sobre el Peñón de Ifach, allí presente sobre nuestras cabezas.

Era real. No tomamos postre. Pagó, empeñado en ello, y salimos a la brisa del paseo. Por una carretera solitaria, iluminada por unas farolas, nos encaminamos, en silencio, bordeando el mar, hasta que un cartel nos impidió continuar. Las olas chocaban rítmicamente, contra las rocas, produciendo un sonido estruendoso. Los dos nos paramos y, con su ayuda, subí a las piedras de la escollera para mirar el espectacular paisaje nocturno. La luna, casi llena, en lo alto, se reflejaba sobre la ensenada. Y al fondo, a lo lejos, lo que me pareció Altea. A nuestras espaldas, el Peñón parecía precipitarse peligrosamente sobre nosotros. La cabeza comenzó a darme vueltas y sentí que caía suavemente sobre sus brazos. Por un instante nuestros rostros permanecieron a medio palmo durante cinco segundos exactamente. Me dejó suavemente de pie en el suelo y tomándome de la mano dijo:

-Vamos, es tarde.

Caminamos en silencio hacia el hotel, entramos y el recepcionista nocturno levantó la vista entregando nuestras respectivas llaves. Nos dio las buenas noches y nos introdujimos en el ascensor. No hubo palabras. Ni miradas. Pulsó el botón numero 8, y yo me dejé conducir como una chiquilla. Me encontraba eufórica por dentro. A la segunda, acerté con la llave. Ya no hubiera aceptado otra cosa. Los dos entramos en la habitación y de pie, uno frente al otro, me abrazó y buscó mi boca, ansiosamente, casi con violencia, con la suya. Yo la abrí y nuestras lenguas se fundieron durante largos segundos. Inmediatamente sentí cómo sus manos buscaban en mi espalda los tirantes del leve vestido que, sin esfuerzo ninguno, se deslizó hasta el suelo. Se arrodilló ante mí y buscó mis pechos con su boca. Creí enloquecer, mientras trataba de despojarlo de su camisa "polo" que no atinaba a sacarle por la cabeza. Se incorporó como un animal y me arrojó con violencia sobre la cama. De un zarpazo me arrancó las bragas y de pie, despeinado, se despojó de los pantalones. Yo le miraba y me sorprendí a mi misma emitiendo un ronroneo que surgía de mi garganta. Estaba presta para todo lo que hiciera falta, había perdido la cabeza. Mañana sería tiempo de los arrepentimientos. Pero en esos momentos estaba dispuesta a deshacerme de todos los prejuicios acumulados en tantos años de matrimonio, vengándome con aquel cabrón que estaba dispuesto a abalanzarse sobre mí.

Desnudo, parecido a una escultura griega, pleno en toda su belleza, lo vi dirigirse hacia la pequeña nevera y sacar un botellín de cava. En unos segundos lo descorchó y vertió un chorro a través de mis pechos, dejando que se deslizara hacia la concavidad del ombligo. Ni que decir tiene lo que hizo a continuación. Aquello era, no me cabía la menor duda, el séptimo cielo.

En el camino, casi llegando a la cima, sentí un pequeño zumbido que, al principio, sólo me desvió mínimamente la atención, pero después de varios segundos acabé por reaccionar y reconocer el sonido: el móvil estaba comenzando a emitir las notas machaconas del No cambié, no cambié que mi hija había instalado de coña en mi teléfono celular. Era medianoche, sonaba el móvil y yo estaba a punto de echar un polvo con un desconocido en la habitación de un hotel. A duras penas conseguí coger el maldito cacharro de la mesilla, donde estaba recargando.

-Sí... -contesté con una débil voz que surgió de mi garganta, mientras mi macho continuaba su trabajo.

-¡Hola, cariño! -la voz de mi marido me hizo aterrizar-. ¡Buenas noticias!, no tengo de qué preocuparme. Está todo en orden en la Agencia. Esto no es un chiringo financiero y la Bolsa me ha comunicado que contamos con todas las bendiciones. Así que soy todo tuyo.

-Muy bien. Ya sabes dónde estoy -logré articular esforzándome en que no se notaran a través del teléfono las cosas en las que estaba inmersa. -Nos vemos mañana, querido.

-¿Cómo que mañana? -la voz se agudizó y se elevó de tono-. Del alegrón que tengo, conseguí un billete de avión esta misma tarde. Y he llegado a Alicante, a Calpe y al Nuevas Hébridas. ¿Y sabes dónde me encuentro ahora?: enfrente de tu habitación, la 814.

En ese mismo momento sonó en la puerta un toque característico que yo conocía muy bien: Tiic-tic-tic-tic-tiic. Toc-toc, mientras yo me incorporaba dando un empujón al chupóptero que todavía consumía las últimas gotas de cava de la copa de mi cuerpo. En fracciones de segundo, que son las que deciden el curso de la Historia, decidí pasar de la típica escena de película empujando al amante con un hatillo de ropa interior bajo el brazo, camino del cuarto de baño, de la terraza o del armario. En lugar de eso, puse en marcha el plan paso adelante: acaricié a mi machito en la espalda haciéndole un gesto de tranquilidad para que permaneciera en la cama. Susurró qué zorra eres. Desnuda,  me dirigí a la puerta. Estaba a oscuras y, al abrir, descubrí a mi marido con una sonrisa de oreja a oreja. A su lado, un pequeño bolso de viaje.

-Hola, querido -le eché un vistazo de arriba abajo con una mirada que hacía tiempo que no tenía.- Mañana te lo puedo explicar todo. Si quieres, podemos tomar las mejores decisiones para los dos. Pero no quiero perder tiempo divagando. Estoy con un tío en la cama. Tú verás.

Mi todavía marido se me quedó mirando fijamente. Esbozó una amplia  sonrisa.

-Bueno, ya hablaremos -dijo con una voz ligeramente ronca-. ¿Me aceptáis ahora?

Me aparté y entró. Sin encender la luz, hice las presentaciones. Aún quedaba cava en el frigorífico para brindar los tres, o lo que fuese menester.

 

Y esta es la historia. Recién llegados de vacaciones, hoy mismo, 1 de septiembre, estamos pensando en los trámites de separación. La verdad es que no lo pasamos mal, el piloto nos puso en órbita a los dos, pero creo que mis sentimientos de culpabilidad no me dejan en paz. Mi marido regresará a su trabajo de la cartera de inversiones y está de acuerdo con el divorcio. Creemos que es lo mejor. Yo seguiré en la Compañía de microchips. Lo de Calpe ha sido una pasada. No hemos expresado el mínimo comentario. Y ustedes perdonen, pero les aseguro que soy una puritana. No les quepa la menor duda. "Perki" ya no quiere dormitar sobre mis piernas, y mis hijos han dejado el frigorífico vacío.

F I N

1/26/2009

Daniel !!!

DANIEL BEJARANO LLANES, a los 20 días.

1/25/2009

En sólo un segundo

                                               José Antonio Bejarano©

                                                

 Todo arte es completamente inútil. (Oscar Wilde)

 

 La chica miraba nerviosa, a través de los ventanales del consultorio, cómo iba cayendo la corta tarde de diciembre. Pensaba que no era para menos, dado lo que le había ocurrido veinticuatro horas antes.

Viajaba todos los días desde su casa hasta el Jewish Lower East Side, donde había conseguido un empleo en una de las lavanderías de Manhattan, situada en un callejón de Eldridge St.

Sentada, esperaba el diagnóstico del laboratorio de análisis clínico, y se propuso no dejar que los nervios la atenazarán, así que dejó que los recuerdos fluyeran controlados en su mente.

No cabía duda, reconocía, que había conseguido el empleo gracias a la influencia del rabino de su barrio, en el sur del Bronx. De padres y abuelos judíos emigrantes, debía reconocer que aquel trabajo, hasta veinticuatro horas antes, le gustaba.

Era la única empleada, y ya comenzaba a conocer a los asiduos clientes, incluso Wooddy Allen entró en varias ocasiones. Un anciano,  asiduo, al conocer cómo se llamaba, le contó la curiosa coincidencia entre su nombre y el trabajo que tenía, aunque, en aquellos momentos, no le encontró la menor gracia. El caso es que con el nombre que tenía disimulaba el carácter de judía, aunque no sentía ningún complejo, dado que se encontraba en mitad del barrio judío de Manhattan. Se consideraba una mujer guapa, en la plenitud de sus 27 años, pues tenía rasgos griegos inconfundibles y le había dado por hacerse una cola con el pelo ondulado dándole a su silueta el aspecto de una hermosa cariátide.

Al salir de la lavandería, antes de tomar la línea verde-cuatro del metro, se sentaba en una pequeña cafetería y pedía, para no olvidar por completo, levivot  y bagel (pastel judío de salmón ahumado y queso), aunque prefería los que preparaba su abuela por Janucá, cuando encendían la primera vela del candelabro de nueve brazos para la fiesta de las luminarias, mientras el abuelo entonaba el Baruj ata Adonai [...] lehadlik ner Jánuca (Bendito eres Tú, oh Eterno [...] las luces de Jánuca). Y es que su padre, siempre se había sentido orgulloso de su ascendencia simplemente griega, olvidando las raíces hebreas, y refunfuñaba en cada fiesta judía por las, según él, excesivas influencias mosaicas que le estaban inculcando los abuelos a la nieta. Tal vez, creía una pequeña venganza de sus suegros por haberle impuesto a su hija aquel nombre totalmente gentil para escándalo de la familia.

A veces la muchacha frecuentaba un gimnasio de fitness, para intentar modelar aún más su cuerpo. El trabajo en la lavandería la obligaba a permanecer largas horas de pie, y ello le estaba produciendo molestias en las piernas.

El maldito día anterior, había entrado un contenedor de ropa sucia de uno de los hospitales de Central Park Sur, y su jefe le había pedido que sacrificase su hora de almuerzo. La avería en la lavandería hospitalaria había supuesto una emergencia y sabía, desde el cada vez más lejano 11 de Septiembre, que la solidaridad era una de las características de la ciudad de Nueva York.. Y, maldita sea mil veces cuando (quizás pecando de falta de previsión) hundió sus manos enguantadas en aquella bata que había caído al suelo desde el contenedor y notó un dolor fino y profundo en la palma de su mano izquierda. Un delgado hilillo de sangre le cruzaba transversalmente las papilas de su mano.

Durante un segundo no se dio cuenta, hasta que se percató de que aquella ropa era sucia, por tanto, contaminada, y de que aquella pequeña hoja de acero, manchada de sangre, provenía de uno de los bolsillos que algún sanitario irresponsable había dejado olvidada.

El cliente anciano aficionado a la Mitología le contó que Nausicaa, era hija del rey Alcinoo. Y cuando Ulises, arrojado por la tempestad a la isla de los feacios, fue descubierto por Nausicaa y sus compañeras, que estaban lavando la ropa, aquella le proporcionó ropa limpia y seca  y lo alojó en el palacio de su padre.

La historia de su tocaya le hizo gracia a Nausica (este era su nombre), y desde entonces lo llevó con orgullo, pues siempre se había preguntado por qué ella no se llamaba Sara, Ester, Ruth, Rebeca o cualquiera de los innumerables apelativos que la Biblia proporcionaba a los judíos, y que lo ostentaban  como una de sus principales señas de identidad. Pero que su padre se empeñara en aquel extraño nombre de la Mitología griega no lo había llegado a comprender nunca.

Cuando se accidentó, desconectó la  gigantesca Crolls, corrió al botiquín y su jefe le dijo:

—Debes hacerte rápidamente una analítica de sangre para detectar y prevenir cualquier infección. No quiero disgustos.

En el dispensario, cuando le estaban extrayendo una muestra de sangre estuvo a punto de desquiciarse y perder los nervios. De repente volvió a revivir el lento proceso de su amigo Italo, gentil, desde que le diagnosticaron el VIH. La constatación de que se había llegado con retraso; el duro y penoso tratamiento; las largas y solitarias estancias en el hospital; el inexorable deterioro físico y mental hasta la total degradación física, inerme ante la más  pequeña infección; y lo peor, la lenta y dolorosa agonía, paliada a base de drogas, que le conduciría a la muerte.

A la espera del resultado de los análisis rememoró Nausica los tiempos de su niñez, cuando su abuela le cantaba “Eli shelo igamer leolam”, una canción de cuna que habían traído de la amada Salónica. Aquellas dulces palabras en hebreo siempre las recordaba Nausica, hasta que descubrió que el pequeño mundo judío no acababa ante la puerta del apartamento familiar del Bronx.

Cierto día, unos años antes, le pidió a su abuela unos dólares para comprar una bicicleta y “estrenarla el día de Yom Kippur”, para celebrar el Día del Perdón igual que hacían los sabras descreídos de Tel-Aviv. Su padre sonrió y se dio cuenta de que su hija estaba comenzando a asimilar el ser sólo una greco-americana de verdad, por su nombre y por su aspecto de diosa helena. No volvió a entrar Nausica en una sinagoga, ni volvió a entonar ningún canto de celebración, ni el padre consintió que su hija observase las leyes del sabbath, o se alimentase exclusivamente de alimentos khoser. Ahora, desde la lavandería, veía la imponente fachada de una de las sinagogas de Manhattan por donde entraban muchos judíos neoyorquinos a orar, leer, o simplemente descansar y meditar entonando el Shema Israel, (escucha Israel...).

Nausica aguardaba en la sala de espera del ambulatorio. Llevaba un día completo sumida en un mar de confusiones; sin embargo, aún le quedaba lo peor: comunicar la casi segura mala noticia a su padre y abuelos, aunque sabía que la apoyarían en todo momento, cubriéndola de besos y abrazos para que sobrellevara la terrible enfermedad.

Y a George, su prometido desde hacia tres años. ¿Cómo decirle que era portadora del terrible virus? ¿Cómo hacerle participe de una vida y un proyecto trazado en común con aquel terrible estigma? ¿Cómo lo afrontaría? ¿Tal vez huyendo para siempre de ella, que por días se iría convirtiendo en una ruina física?. No quería ni pensar en el  momento en que tuviera que comunicárselo. Pero el tiempo,  inexorable, se convertiría en el más aterrador aliado para transmitir su enfermedad. Adiós al trabajo, adiós a las amistades, adiós a los paseos por la 5ª Avenida, adiós a las sesiones fitness para lograr poco a poco un cuerpo escultural. Adiós, en fin, a la vida que, hasta aquel malhadado día, le había sonreído.

Al pasar a la consulta, Nausica sintió deseos de vomitar. La depresión y el estrés estaban comenzando a dejar huella. Nunca hubiese creído que los nervios la traicionarían de esa manera.

La doctora le tendió la mano y la indicó que se sentara. Por la ventana del aséptico ambulatorio se veía caer lentamente la tarde invernal.

La doctora tomó una carpeta amarilla y extrajo un folio con los resultados analíticos. Nausica se encontraba al borde de un “ataque de nervios.

Bueno, veamos -dijo la médica. -Se le ha hecho una analítica completa y ya tenemos una conclusión, ¿Está cansada, suda mucho, bebe agua con frecuencia, orina a menudo?

Claro que estaba cansada -pensó Nausica, sentada al borde de la silla, en actitud defensiva-, que sudaba y que bebía abundantemente. ¿Qué quería decir aquella médico?

Ya se había preparado para recibir el temible diagnóstico. Eran los síntomas que desde hacía 24 horas sentía, pero faltaba que los análisis confirmasen lo que ya sospechaba.

—Bien, Nausica Aristhelos: los lípidos, hormonas y linfocitos están dentro de los parámetros normales; así como los niveles de cetonuria. Por tanto, queda descartado cualquier virus de inmunodeficiencia humana. Tiene, sí, una leve diabetes congénita, de toda la vida, que debe cuidar.

Nausica, aficionada a la lectura de Robin Cook y sus aventuras de contaminantes de ántrax, botulismo, peste bubónica, así como conjuras internacionales de guerras bacteriológicas y atentados en masas quedó estupefacta, y, mirando fijamente a la médico, dijo:

-Así que... nada de contagio de AIDS por la maldita punta de bisturí contaminada de sangre...

-¿Sangre? -interrumpió rápidamente la doctora, mirando por encima de la montura de sus gafas. -Hemos analizado la sustancia que manchaba el bisturí, y nada de sangre: simple tinta roja de rotulador. Así que, Nausica, a descansar y mañana, de vuelta a su trabajo. Ah, y por favor, la pequeña herida, destapada y que le dé el aire.

Nausica salió a la calle. Los coches circulaban lentamente en dirección de los puentes y salidas de la isla, despoblando la otrora jungla de Manhattan.

Miró la línea del cielo que se perfilaba al final de Battery Park. Faltaban las torres gemelas. Mañana tendría que madrugar. Y por la tarde, pensó, entraría un momento, por primera vez en mucho tiempo, para completar el minyán (diez personas, como mínimo, para iniciar las lecturas sagradas) en la sinagoga de Eldridge St.

-Gracias, Dios mío, y, como dice una sentencia judeosefardí, -que la salud me pueda- pensó. Se anudó al cuello la pasmina comprada en los rastrillos del Pre-Harlem, resguardándose del viento helado de la noche, y  miró al cielo antes de desaparecer por la boca de la línea verde-cuatro del metro de Nueva York.

"Porque yo, sin ti, no soy nada; qué no daría yo...", la aterciopelada voz de Amaral salía de los buffles del gigantesco compact de un latin-boy apostado en las escaleras del sub, mientras miraba a Nausica.

 

1/24/2009

Respecto a Yo nada tengo que ver

Tengo por norma no eliminar ninguna entrada o comentario de mis blogs, pero he de hacer constar que el "compañero" al que me refería en mi entrada de 30/12/08, y con el que tuve un problema en el lugar de trabajo, ha tenido la elegancia de pedirme disculpas (aunque el primer paso para romper el hielo lo dí yo, que conste) y aclarar el asuntillo que hizo enturbiar nuestra relación.
Por supuesto el gesto le honra, y yo estaba deseando aclarar y volver a normalizar unas relaciones que siempre han sido excelentes. Gracias, compañero, amigo.
 
1/12/2009

Himno Nacional del Estado de Israel (letra)

 

כל עוד בלבב פנימה
נפש יהודי הומיה,
ולפאתי מזרח קדימה,
עין לציון צופיה,
 Kol od baleivav p'nima
 Nefesh yehudi homiah
 Ulfa'atei mizraj kadima
 Á'in let zion tzofi'a

 

Mientras en lo profundo del corazón

palpite un alma judía,
y dirigiéndose hacia el Oriente
su ojo aviste a
Sión,

עוד לא אבדה תקוותנו,
התקווה בת שנות אלפים,
להיות עם חופשי בארצנו,
ארץ ציון וירושלים.
 Od lo avda tikvateinu
 Hatikva bat shnot alpaa'im
 Lihi'ot am jofshi beartzeinu
 Eretz Tzion v'Yerushala'im
no se habrá perdido nuestra esperanza;
la esperanza de dos mil años,
de ser un pueblo libre en nuestra tierra:
la tierra de Sión y
Jerusalén.
1/6/2009

Extremalta

Extremalta es el lugar donde nací una tarde de invierno mientras caía una de las muchas nevadas que antes se precipitaban sobre los pueblos y campos de España sin que los servicios meteorológicos o los servivcios de emergencia avisaran. Hace casi 59 años Extremalta amanecía con medio metro de nieve superblanquísima cubriendo las calles, los tejados y los cables de la luz que cruzaban las calles de un lado a otro.

Los niños íbamos a la escuela cubiertos con unas gorras de hule con orejeras, y guantes confeccionados a mano cubriendo los sabañones de las manos. Al fondo, las montañas cubiertas por metros de nieves impolutas que durarían hasta bien entrada la primavera cuando bajarían en forma de aguas bravías por los riachuelos para irrigar las huertas feraces, que proporcionarían las frutas para ser vendidas en los mercados de la capital proporcionando ingresos con los que ir tirando... a no ser que una traicionera granizada destruyera las cosechas y hubiera, a falta de las aún desconocidas subvenciones, pedir prestado para comprar un billete con destino a Frankfurtgastarbaiter, Tarratextil, o como mal menor, algún apeadero de la cuenca del Carbonalón o Madridatocha.

Extremalta, mientras tanto, seguiría desperezándose y acogiendo mi niñez, escenario de juegos y correteos a través de sus calles, campos, plazas y parajes, a través de las estaciones, explosivas primaveras de colores de naturaleza; baños y siestas y primeros amores de verano; otoños de humos y castañares; inviernos de matanzas y fríos. Y de mi última y verdadera Navidad y Noche de Reyes, donde se me apareció el Rey y desapareció para siempre...

Extremalta, mi pueblo... cada vez más lejos. Afán en no olvidar por completo, gracias a quien se interesa por ese lugar. Mi paraiso perdido: Hervás.

1/5/2009

Un Rey en blanco y negro

                  

 

                                                              DEDICADO A  GuiñoManoli,

EN UNA NOCHE DE REYES,

A PUNTO DE VIVIR UNA NUEVA AVENTURA

                        

                     He aquí lo que me aconteció la quinta noche de Enero de un año en la década de los cincuenta, a la que le faltarían tres o cuatro para concluir :

                                                 <<Ocurrió después del desfile de la Cabalgata que, como cada año, discurre por la puerta de la casa del Abuelo, en su recorrido por Extremalta —mi pueblo—. Por las ventanas podían verse, recortados sobre el firmamento negro, inmenso y de Vía Láctea, los tejados blancos y las humeantes chimeneas ; las calles —entre ellas, el Rincón de la Vaca Brava— permanecían cubiertas de un grueso manto de esponjosa y crujiente nieve que  los niños nos encargábamos de amontonar, como juego, bajo los soportales en los cortos días vacacionales.

                     Y —continuando la narración— cuando alejándose el Cortejo Real, nerviosos, nos retirábamos a dormir llegó, precedido de una algarabía de admiración y de sorpresa, un rey, pero que digo  un rey: EL REY. BALTASAR.

             Llegó repentinamente,  pudiendo Vd. imaginar la sorpresa que se apoderó de quienes allí, niños y mayores, nos encontrábamos. Pero a la sorpresa siguió el temor y, sin pensarlo dos veces, el Jose —un servidor— y mis primos el Luisín y la Carmeli, nos “refugiamos” bajo la mesa camilla, la de las meriendas dominicales y veladas de radio. No dábamos crédito a lo que estábamos presenciando: en persona, por primera vez en nuestras vidas, el Rey Baltasar majestuoso, serio, luciendo un bello turbante, muy abrigado, negro como los tizones de la lumbre del Abuelo y hablando una jerga que ni yo,  ni el Luisín ni la Carmeli conseguíamos entender ; pero el abuelo Amancio, quien había “servido” —contaba orgulloso— en la Mejasnia Marroquí de Tetuán, procuró que nuestro corazón se apaciguara y con su mediación —como intérprete— el Rey pudiera hacernos las preguntas que siempre —año tras año de los decenios de cada siglo de, seguramente, cada milenio— formulan los tres Magos:

                     —¿Os habéis portado bien? ¿habéis obedecido a vuestros padres y abuelos? ¿qué habéis pedido?— Y los tres, al unísono, respondiéramos:

          —Una Mariquita Pérez que llora— contestó primero, como siempre, la Carmeli.

                 —Y unos Juegos Reunidos, un juego de “arquitectura”, un balón de “reglamento”, un tren y cuentos, muchos cuentos— contesté yo, en tanto el Luisín no lograba articular palabra.

                    Nuestras  vocecitas a duras penas salían de los bajos de la camilla, pero cuando quisimos darnos cuenta, tras un breve diálogo entre el abuelo Amancio, el tío Victoriano y el tío Antonio con Su Majestad Baltasar, en la extraña lengua africana que el Abuelo conocía a la perfección  pues--repetía orgulloso —había “servido” en la Mejasnia Marroquí de Tetuán, el Rey— no sin antes pedir que el Jose escribiera una “redacción sin faltas” de la experiencia vivida— bajó solemnemente las empinadas escaleras rodeado del resto de la numerosa familia, digno, pausado, pero con presteza  puesto que le faltaba recorrer —dijo, al parecer, en la extraña lengua arábiga— el Barrio Judío, junto a las otras dos Majestades y Pajes con teas encendidas, montando en caballos  que resbalarían a causa de la nieve, pero no por la dura pendiente de la calle Abajo, trazada siglos atrás, por donde se saludaban —hasta un desventurado 492, del concluido segundo milenio digital— judíos bajando a la Sinagoga en el Sabbat, y cristianos subiendo a la Exposición Mayor Sabatina en el Sagrado Cabildo; y desde entonces —mas ya sin judíos— campesinos camino de la Umbría o de la Solana cruzándose con comerciantes a los negocios de la Plaza Corredera ; o chiquillos a jugar a perderse en el laberinto del Rabilero —del antiguo Rabino— tropezando con ancianos cuasi-centenarios a buscar el breve sol del Cantón, orilla de la Cañada que “sube” hacia Castilla.

   Aquella noche, acurrucados en nuestras camas, escuchamos en cada ronda —Collado arriba, Collado abajo— la voz grave del Sereno: “laaas dos, laaas tres..” mientras golpeaba el “chuzo” sobre el empedrado de la desierta calle, en la nieve pisoteada por la ya pasada cabalgata. La Misión Real se estaba cumpliendo. La noche transcurrió eterna, y  una descomunal helada se cernía, de nuevo, sobre el contorno urbano y la campiña —de ríos crecidos, montañas, castaños y cerezos—de Extremalta.>>    

                                                                   

                                                        

 

"Bloc"© de JoseAntonio ;-)

©Jose Antonio Bejarano: A VER SI ME LEE ALGÚN DIRECTOR DE CINE...!!!

Gracias por vuestra visita...

a tod@s mis amig@s

de los dos hemisferios del mundo 

 

©Jose A. Bejarano


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hola Jose Antonio, sé que nuestra conversación de antes no ha sido precisamente agradable, puedo haberte parecido muy desconfiada e incluso borde, espero que no te enfades conmigo, y que me comprendas, como te he dicho podemos llegar a ser buenos amigos y seguramente algun día nos reiremos de esto.
Jan. 31
Creo que Tere se ha equivocado de espacio. Pero bienvenida Tere, ya sabes...las amigas de mis amigas, son mis amigas, y viniendo recomendada por Carme...
Jan. 31
pues Carmen, seguramente me habré liado por que soy un despiste, pero la verdad es que no entiendo nada...besos
Jan. 31
Carmenwrote:
Creo que Tere se ha liado. Explicaré en una proxima entrada como la llevo, necesito tiempo para ordenar mis ideas
Jan. 30
hola Carmen, ¿que tal llevas la terapia?, pues nada hermosa, que tengas un buen fin de semana. Besos
Jan. 30
Gracias, Fernando: es un honor saber que siempre hay alguien tras la pantalla leyendo lo que uno hace con tan buena voluntad. Muchas gracias por estar ahí y poco a poco iré colgando todo lo que tengo y lo que aún estoy escribiendo.
Gracias
Jan. 30
Me preguntabas el otro día desde cuando sigo tus escritos, pero la verdad es que no recuerdo la fecha. Se que fue nada mas empezar en este mundo de Spaces, me hablaron de apuntarme a facebook y no se como lo hice en las dos redes a la vez. Creo recordar que fuiste el primero en compartir palabras conmigo, entonces tenías el blog de otra manera y yo no sabía aún como anotar una entrada ni lo que era el libro de visitas. Ahora la red se ha hecho mas grande (tampoco mucho, pocos amigos pero bien avenidos) y es apasionante conocer buena gente de otros sitios. Por cierto, el Facebook lo tengo casi abandonado, me gusta menos que este.
 
¡Un saludo, Jose!
Jan. 30
Carmenwrote:
Je je je.
OK Kolegui!!!
 
 
Jan. 30
Me parece Carme, que estamos de acuerdo en muchas cosas... Las edades? es posible que yo esté mal informado: 10 o 12 años es una edad temprana, pero 16...???
Lo de "moderno" no me lo tomo a mal, kolegui.
Jan. 30
Carmenwrote:
Bejarano, tus golpes de "modernidad" me dejan pasmada.
En primer lugar los niños tenían entre 10 y 12 años, a estas edades somos los adultos quienes debemos guiarlos y decirles lo que está bien o no y lo que deben hacer o no y más en una situación de peligro. Sabemos que un adolescente, de 16 años, por definición es temerario porque no percibe el riesgo y así van las cosas en muchas ocasiones.
Yo no soy técnico en construcciones y no sé si estaba hecha correctamente la edificación del "pabellón". Si no fuese así el peso de la ley debería caer sobre los responsables.
De todos modos no podemos dejar caer la responsabilidad de las cosas sobre los demás, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. ¿Qué papel tenemos entonces los padres? Delegamos la educación de nuestros hijos en los profesores, la salud en los médicos, la seguridad en los poderes públicos. ......Entonces ¡Qué coño hacemos nosotros!
Un beso Bejarano
Jan. 30
Tal día como hoy, pero hace unos cuantos años, te lanzaste a navegar en el Rio del Tiempo, y bien que nos alegramos todos los que te conocemos, aunque sea informáticamente. Despliega velas porque a pesar de haber visto ya muchas orillas, lo mejor del paisaje siempre está por llegar. ¡Feliz cumpleaños, Jose Antonio!
Jan. 27

Iom Holedet Sameaj אנטוניו חוסה

Shalom

Jan. 27
Las esculturas son de IGOR MITORAJ, un escultor polaco, y se expusieron en Valencia, en la Avda. del Marqués del Turia hace unos dos años. Como era una exposición itinerante, actualmente no están en la ciudad, se las llevaron a otro sitio.Debería haberlo puesto como pie de foto, cosa que pienso corregir. Gracias por el interés. 
Jan. 25
maria jwrote:

Dec. 16
Samuelwrote:
Hola primo. De vez en cuando entro en tu bloc para saber de ti y los tuyos. Gracias por el enlace a mi página. Va poco a poco porque el tiempo es escaso. Besos para toda tu familia. ßene.
Nov. 22
Carmenwrote:
Jose Antonio. Traducir no es ningún rollo, mantiene mi cabeza activa. Además mi amiga escribe, por supuesto, para que la entiendan pero además escribe lo que siente en su lengua. Lo mismo que yo ecribo en la mía porque siento en castellano. Respecto a mis vivencias, no dudes que, a pesar, de estar traduciendo el cuento explicaré mis vivencias, lo que pasa es que ahora no estoy muy inspirada. Lo que tengo que contar es bastante repetitivo, ya sabes, dolores, agotamiento, etc y no quisira aburrir a mis lectores ni recrearme en mi dolor. Así que escribiré sobre otras cosas cuando me inspire. ¿Por cierto y tu relato.
Ante la duda recurro a la RAE:

varraquera.

1. f. coloq. Lloro fuerte y continuado de los niños.

 

verraquera.

(De verraquear).

1. f. coloq. Lloro con rabia y continuado de los niños.

Quizá tengas razón así que corrijo. Gracias por tus rectificaciones

Oct. 3
Carmenwrote:
¡Qué pesada soy!, te estoy llenando el libro de visitas.
 
Respecto a tu comentario en mi entrada:
Jose Antonio, tú propones una revolución. Es cierto que no podemos estar sometidos a tantos cambios en tan poco tiempo. También es cierto que si las cosa no funcionan se cambian y punto. Claro está que primero habrá que saber por qué no funcionan e incidir sobre eso. Ni te imaginas los movimientos orquestales que genera cada cambio en el plan de estudios. Pero bueno, doctores tiene la iglesia...
Con respecto a las churras y a las merinas decir que fui fiel a la célebre frase de vale más una imagen que mil palabras. De todos modos, como lo quería decir era que muchas veces se confunden conceptos totalmente opuestos, voy a recurrir a la RAE por si alguien se ha perdido:
 
Churra: Dicho de un carnero o de una oveja: Que tiene las patas y la cabeza cubiertas de pelo grueso, corto y rígido, y cuya lana es basta y larga.
Merina: Dicho de un carnero o de una oveja: Que tiene el hocico grueso y ancho, la nariz con arrugas transversas, y la cabeza y las extremidades cubiertas, como todo el cuerpo, de lana muy fina, corta y rizada.
 
Como ves, ambas se parecen como un huevo a una castaña.
Saludos
Sept. 28
Carmenwrote:
Verás Jose Antonio, el Juego del ángel es una muy buena novela, muy bien escrita, personalmente he disfrutado mucho con ella. He leído las novelas en orden inverso y una vez acabada la sombra del viento te diré que el juego del ángel me parece que tiene bvastantes similitudes con la anterior. Ambientada también en Barcelona pero algunos años antes, algunos de los mismos personajes y si me apuras casi el mismo tema.
Sobre el niño con el pijama a rayas, no creo que sea infantil, eso sí está vista desde el prisma de un niño.
Recomiéndame algo que me mantenga embelesada como las dos del Zafón.
Un beso
Sept. 7
Carmenwrote:
José Antonio gracias por tus buenos deseos. Me hace mucha gracia tu traducción al catalán del texto que me dejas. Me he reído mucho con tu traducción  digamos....¿literal?. Me ha encantado lo de Filicis vacacionis.
Un beso y prometo poner la fotillo. ¡Oye!, ¿el coloso no será mi novio? El hombre es tamaño españolito medio. Je je je ¡Si se entera!
Me permito alguna bromilla pero te entendí.
Muchos besos
Aug. 19
Carmenwrote:
Cada día me sorprendes más. ¿Desde cuando escribes catalán? Eres un todo terreno
Un beso
Aug. 6
Carmenwrote:
Bien hallado José Antonio. Coincido contigo, prefiero salir y no tener la obligación de saludar a nadie. Ya hablaremos, hasta pronto.
Aug. 5
Carmenwrote:
Por lo que se ve, fibromiálgica y pesada. Lo siento, no sé qué ha sucedido.
May 22
Carmenwrote:
Por lo que se ve, fibromiálgica y pesada. Lo siento, no sé qué ha sucedido.
May 22
Carmenwrote:
Por lo que se ve, fibromiálgica y pesada. Lo siento, no sé qué ha sucedido,
May 21
Carmenwrote:
Por lo que se ve, fibromiálgica y pesada. Lo siento, no sé qué ha sucedido,
May 21
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